lunes, 28 de octubre de 2013

Esos extraños lenguajes.

¿Cómo llamarte al diálogo sin palabras? Es que nada está tan rígido como para poder delimitarnos del todo. Tú vas. Tú vas allí dónde te llaman a gritarte las dos o tres convicciones que pueden quedarte hoy.

Te miro desde un rincón que no sé cual es, y que poco me importa. Es que la mierda más pura ha de arrastrarme una vez más hacia el precipicio. Y es que caeré seguramente y tú seguirás gritándote. Pero ahora solo una básica convicción forzosamente heredada.

Quiero invitarte hoy a que me hables sin palabras. Quiero abrirme la sien y que puedas incrustar tus dedos cálidos. Y así ordenándome los hilos, darme cuenta de dónde estoy hoy.

Es que tus pieles son poco cambiantes. Pero las mías mudan a velocidades insaciables cada vez que te pronuncias. ¿Por qué tenía que romperme las rodillas en la línea que nos dividirá cada vez más?

Estoy tratando de escribirme palabras en los dedos. Pero ya no queda tinta posible, y ya no puedo pensarme fuera de la enfermedad de turno. Ya no puedo separarme de la frustración de esta máquina del sin.sentido. Ya no puedo.
Se caen los muros mal pegados de hojas secas. Sangran las heridas de antaño, y ya nada importa.

Sólo quiero que me hables sin palabras. Ven, hablame. Arrancame la piel del hoy, mirame el llagas y riéndonos olvidaremos que estamos hechos para reproducir la vomitiva realidad que nos tocó.

VEn.