Y qué bien. Dije tantas otras veces al ver que vos, yo mismo, en un reflejo casi tan real me sonrreís. Ahora volvés a lustrarte los dientes. Volvés a mirarte. He vuelto a examinarme. Y no me absuelvo de nada. Prefiero condenarme y reírme de mi mismo. Prefiero aceptarme con toda mi vida derramándose por el piso. Hoy, estoy bien. Y no tengo más motivos que ver las flores que crecen en mis manos. Todo estuvo siempre ahí. Pero el vapor empaña mi reflejo. Dejaré de sangrar solo porque sí. Reír. Porque puedo. Aún puedo.
jueves, 29 de diciembre de 2011
lunes, 12 de diciembre de 2011
Mono-tonía.
Circulan. Insensibles a los ojos del que no quiere oírme. Choques de una energía que colma la capacidad de mis conductos rojos. Hierve y choca, quema, arde. Pero aún así estos ojos no llueven. No quieren regar ilusiones en mi piel. Me estoy cansando de los impulsos nerviosos, de estas ganas desmedidas. Padezco, y no hay cura que yo mismo pueda darme. Necesito que me inyectes un poquito de algún algo, que me haga querer remontarme. Ya nada me asombra hoy. Ni el pasado quiere arañarme los talones. Ni el futuro entra por mis ojos, rompe mis retinas de una forma adictiva. Ya no sé donde estar para encontrar un alivio, buscando un algo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)