Y qué bien. Dije tantas otras veces al ver que vos, yo mismo, en un reflejo casi tan real me sonrreís. Ahora volvés a lustrarte los dientes. Volvés a mirarte. He vuelto a examinarme. Y no me absuelvo de nada. Prefiero condenarme y reírme de mi mismo. Prefiero aceptarme con toda mi vida derramándose por el piso. Hoy, estoy bien. Y no tengo más motivos que ver las flores que crecen en mis manos. Todo estuvo siempre ahí. Pero el vapor empaña mi reflejo. Dejaré de sangrar solo porque sí. Reír. Porque puedo. Aún puedo.
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