Hoy desperté. Abrir los ojos al mundo hoy ha sido fácil. Casi mecánico. Como todos los días. Llenar la mochila de colores y emociones para afrontar lo que hoy me tocó en el plato. Quizás aquello que otros no quisieron probar. Quizás algo que se horneó hasta reventar solo para que yo sienta algo más que gusto al probarlo.
Ella va tranquila. Pasa por mi cuerpo. Y no rompe la estructura. Sigue, un paso. Luego otro con la misma precisión. Y otros más. Con un ritmo casi tan monótono como sordo. Mis ganas empiezan a desesperarse. Saltar por la borda hoy sería lo más sensato. Caer con tanta furia en el mar. Y salar mis heridas casi en un ritual. Necesito subir cimas y descender por valles. La llanura aburrió a mis hinchados ojos.
Arremolinar. Reír. Y volver siempre para echar el veneno en la sangre. Gotitas de una mente destructiva. Quisiera poder imaginarte tanto hoy. Como serás. Y en que arenas andarás dejando huellas. Pero prefiero estar acá. En un rincón alejado del paisaje. Sentado sobre mi cadavérica vida. Viendo pasar todo. Hoy no quiero introducirme más allá de la superficie. Necesito estar sin ver, para poder ver sin estar. Más allá del tiempo.
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