Agarrando el lápiz puedes dibujarme de tantas formas diferentes. Y ahora siento que mis brazos ya no son míos, que son un haz de luz que se clava en tus retinas y se mancha a cuenta gotas en una hoja de frío papel. Y mis ojos, y mis manos, y mis dientes afiliados, desafilados, entumecidos.
¿Cuán frágil es la línea que delimita mi mirada de mí mismo y la tuya? Y ahí estás definiéndome, contornéandome, delinéandome. Y ahí estoy ya sin brazos, ya sin ojos, ya sin manos, ya sin dientes. Y me afilo, y me desafilo y me entumezco.
Ojalá pudiese desnudarme de toda esta camada de hojas que me ahogan.