domingo, 31 de marzo de 2013

Qué se yo.

Agarrando el lápiz puedes dibujarme de tantas formas diferentes. Y ahora siento que mis brazos ya no son míos, que son un haz de luz que se clava en tus retinas y se mancha a cuenta gotas en una hoja de frío papel. Y mis ojos, y mis manos, y mis dientes afiliados, desafilados, entumecidos.

¿Cuán frágil es la línea que delimita mi mirada de mí mismo y la tuya? Y ahí estás definiéndome, contornéandome, delinéandome. Y ahí estoy ya sin brazos, ya sin ojos, ya sin manos, ya sin dientes. Y me afilo, y me desafilo y me entumezco.

Ojalá pudiese desnudarme de toda esta camada de hojas que me ahogan.



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