domingo, 30 de junio de 2013

Allí van.

Repican. Repican los pasos sobre charcos, que reflejan algo más que las lunas de tus pupilas.

No vienen de una figura única. Es que repican incesantemente sobre el asfalto. Creando y recreando ecos de cánticos que tienen algo más de indignación que de felicidad. Son varios, codo con codo, y se suman hileras variopintas, y aúnan voces que se entremezclan con su bello repicar. 

Allí van. Tatuándose con tinta del que sueña más allá de los límites oníricos  los objetivos que persiguen en su firme caminar. 

Allí va. Entumecidos por el frío de ese mes de junio, haciéndose tan gigantes que podrían opacar a todo intento boicoteador.


Ellos son las piedras en los zapatos lustrados y caros del señor. Y desde sus pies descalzos nos muestran que aún quedan abrazos tibios allá a dónde van. 


Increíbles repicares con sus cánticos, y sus ganas, y sus fuerzas aunadas más allá de los límites oníricos. 

lunes, 3 de junio de 2013

La vomitiva realidad.

Sólo dejó deslizar sus dedos por aquella hoja en llamas para creerse tan sólido, tan firme, tan de raíces bien sujetas y hojas siempre verdes.
La facilidad con la que se dejaba mentir palabra a palabra era inaudita. Reduciendo una y mil veces, en cada beso opaco, la posibilidad de un final indeseable. Y cerró el abanico, y se creyó con todas sus ganas que al menos esta vez nada caminaría en la misma dirección de siempre. Esa dirección que lo trasciende, y que le ahoga las ganas de seguirse pensando.
Sólo bastaron tres, cuatro minutos desde el momento de desprender las manos, para que ella golpeara su puerta. No le quiso abrir, se refugió en su piel inventada para no mostrarle la carne desnuda de su pecho. Pero ella golpeó y golpeó su puerta. La de sus ojos, la de sus oídos y la de su mente. Derribó incesantemente las barreras e irrumpió muda en la habitación. Él la miró, tan cruda, tan sin ropas, tan real.

...

Hoy esquiva el peso de sus ojos, sólo para no afrontarse las culpas de un reduccionismo típico de una sien en llagas. Hoy se lame las heridas sacándose el néctar y las huellas de lo que fue feliz ayer.

La vomitiva realidad ha dictado su juicio y trata de arrancar y tergiversar toda imagen plena del día de ayer.