Amanece.
Calma y sólo calma.
Ese frío es algo más que invierno.
Algo más que soledades y silencios pronunciados.
Algo menos que desabastecimiento del alma.
Amanece, ¡míralo!
Es que las auroras saben detener el tiempo
Es ahí dónde se levanta
Descalzo, entumecido.
Sale al patio y lo siente
Ese frío es ahora piel de poros marcados
Cicatrices visibles
Sonrisa de dientes rotos
Amanece.
Pero no es cierto, claro.
Nada se detiene
Y ahora le hace el amor a cada segundo por vivir
Se proyecta en ramas de más ramas y hojas
Creciendo
Amanece
Entero,
vertebrado,
en gritos y caricias secas.
Amanece
Y no era cierto, claro.
Está allí casi asible la mentira del miedo
Ella no lo vertebra ahora
No es ya, nunca, su anclaje mejor
Y no será su tierra fértil.
In-fértil.
Claro que no.
Amanece, respira.
Abre esas fosas nasales
Puro,
invierno puro.
Frío, hojas que abandonaron el árbol.
Y ese hombre que llora felizmente,
se ha arrancado a manos tibias de la placenta.
Y ahora sí, era cierto, claro.