domingo, 27 de julio de 2014

Julio.

Amanece.
Calma y sólo calma.
Ese frío es algo más que invierno. 
Algo más que soledades y silencios pronunciados.
Algo menos que desabastecimiento del alma.
Amanece, ¡míralo!
Es que las auroras saben detener el tiempo
Es ahí dónde se levanta
Descalzo, entumecido.
Sale al patio y lo siente
Ese frío es ahora piel de poros marcados
Cicatrices visibles
Sonrisa de dientes rotos
Amanece.
Pero no es cierto, claro.
Nada se detiene
Y ahora le hace el amor a cada segundo por vivir
Se proyecta en ramas de más ramas y hojas
Creciendo
Amanece
Entero,
vertebrado,
en gritos y caricias secas.
Amanece
Y no era cierto, claro. 
Está allí casi asible la mentira del miedo
Ella no lo vertebra ahora
No es ya, nunca, su anclaje mejor
Y no será su tierra fértil.
In-fértil.
Claro que no.
Amanece, respira.
Abre esas fosas nasales
Puro,
invierno puro.
Frío, hojas que abandonaron el árbol.
Y ese hombre que llora felizmente, 
se ha arrancado a manos tibias de la placenta.
Y ahora sí, era cierto, claro.

miércoles, 2 de julio de 2014

Inconcluso.

Sésamo

Te hablo al oído y miro las nubes que se avecinan. 
Es que tú piel de verano eterno huele a tormenta. Y tus manos ya cansadas solo raspan la superficie.
Ojalá no me arranques las miradas vacilantes. 
Y las sepas mías.
Ojalá no me prendas la seguridad a mis pasos, con tus sucias uñas de frías manos.
Ojalá no me inmortalices en novelas, no generes poema alguno. 
No me incluyas en los tomos de ninguna polvorienta enciclopedia.
Ojalá no me encuentres en las bocas. 


Lino


Ojalá que ahora me arranquen el alma, 
si es que existe y me la encuentran.
Ojalá ahora pisen fuerte, 
y que armados hasta los dientes a los sueños aniquilen.
Ojalá ahora venga la muerte y a su paso sólo sanidad me deje. 
Que me rompan el anclaje, 
cosificándome en imágenes, 
que me hagan cuadrado de líneas firmes.
De gris bien pintado.
Ojalá me uniformen y me inculquen el saberme subordinado,
que me maten la rebeldía,
que me corten este canto.
Ojalá que me fusilen con las balas del lucro, con la TV, el automóvil , y con la casa, y las vacaciones, los dos niños, la mujer y el perro.
Ojalá que me encuentren en una década con la cara amargada mirando un programa de televisión estupidizante.
Ojalá que puedan. Ojalá que sí.
Ya va siendo hora de escribir tres versos, apagar el pucho y dormir para siempre.
Hasta que suene el despertador y me recuerde ese tantito de valor que me faltó para escribir el verso último.