Frágil compostura de niño descalzo. Observando por unos ojos que miran al mundo con asombro desmedido. Sosteniéndose en dos pedestales, es dos héroes. Dos héroes que hoy antagonizan delante de él. El niño observa, está allí, quizá solo porque le tocó en el plato. Está allí, tan frágil, dejando que las palabras mal dirigidas le atraquen la garganta, y le nublen acuosamente la vista, y le consuman la risa.
El tiempo se cuela en un campo de árboles irracionales. Ráfagas que quitan hojas y las pintan de nuevo. Mudar de piel. Crecer.
El niño dejó de ser niño. O quizá no. Quizá solo juegue a creer que ha crecido. De la inconsciencia despierta con gritos de antaño. Vuelves en el tiempo, te ves ahí, parado en la desastrosa situación. Te tapas la cara con las manos. Sientes la presión de un manto de recuerdos que amenaza con derrumbarte.
Frágil estructura del recuerdo.
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