miércoles, 16 de mayo de 2012
A calles pintadas me llaman a gritar. Y ahí voy.
Y las partículas atraviesan hasta las más masisas almas. Es el grito de una garganta en llamas, agrietada, que lava la vos a sangre galopante. Es un canto que me urge. El impulso, la bofetada dolorosa, las sonrojadas mejillas, las lágrimas incontrolables. Es la risa de los más próximos al origen de la vida, y es el gesto en los ojos vidriosos de los que se están por ir. Es el tren que parte sin destino, partiendo horizontes. Y ahí voy. Me acurruco en el vagón más andrajoso. Me abrigo de mi alma. Me siento. Me lloro y me reclamo sin cesar. Porque no dejo de recordar dónde está lo puro, dónde está lo hermoso, dónde la flor del loto. A calles pintadas me llaman a gritar, a caras condensadas, a actos infrenables. Y allí voy. Solo quiero plasmar el alma, para que cuando el tiempo pase, y muera y renazca sin cesar, me recuerde tal cual fui. Y me vea, y me sienta, y me toque, y me arranque del dormir, y me traiga, y me lleve, pero siempre yo, allí, dónde duele y se ve la aurora.
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