Es tan difícil saber de qué esencias está compuesto tu llanto.
A veces me divierte pensarme con algo más de fantasía, algo menos de realismo, y unos cuantos tajos menos en los pies. Pero los tajos siguen ahí, y no supuran fantasía, y el realismo es real en las horas dónde se frenan los engranajes de las máquinas.
Estoy engranado, y las ganas, y los ojos, y las manos se engranan con migo. ¿Qué tan provechoso será el producto final para una boca ya sin sed? ¿Qué desdentada será la boca, que reseca de labios, me carcoma los sueños de mis uñas?
Hoy soy algo menos que un engranaje, y algo menos que un objetivo en sí mismo. Estar sirviendo a fines ajenos, no es el ideal, pero sí la rendija principal por la cual me miro.
Me intoxiqué al frenar los motores. ¡Qué comiencen los días dónde el tiempo no posibilite nada más que actuar! ¡Qué se corten los hilos de un flujo mental que converge en un mismo desvelo!
Al pié de las sombras, intoxicado. Tóxico, real, convergiendo en un mismo punto.
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