Y los dedos se incrustan en las viejas llagas. Y el dolor ha desaparecido, se ha esfumado sobre el peso de un universo definido de cosas para hacer.
¿Dónde se albergará ahora que ya no sabe llorarse la piel hasta empaparse de futuro? ¿Es que los horizontes serán siempre más visibles si los mira desde el balcón desarraigado?
Un millón y medio de dagas sin filo se aproximan. Y corres, corres. Pero los hilos limítrofes te hacen tropezar con los miedos de los tiempos. Gritando sobre la alfombra de imágenes que se te ríen, te abrazas a ti mismo, y te incrustas las manos en las costillas.Y nada duele, nada duele. Ni la destrucción más deseada podría dolerte más que el recordar no poder haber construido la fortaleza antes.
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