viernes, 26 de julio de 2013

Sinsentido abstracto.

Hoy las miraba. Sus ojos descreídos se abrazaban con aquella imagen que le perforaba la sien. Y sin embargo, allí estaba, tan mirándolas, tan abrazado, tan de sien sangrante y boca desencajada.

Es ilógica la fuerza del accionar humano. Le costaba asumirse como responsable de las grietas recientes. Siempre prefirió imaginarse los cuchillos en otras manos. Pero hoy, sus manos acuchillaban su  cuerpo.

Él ingresa a su mente. Y se paralizan, se paralizan. Días añejados en vidrio, le recuerdan las veces que quiso ensimismarse para detener el engranaje. Y hoy, él, con un movimiento imperceptible, lo congela todo.

Ya no está pudiendo salir de allí, y se humedece con sus ojos las maletas mal armadas.

Está allí sangrándose las grietas. Aferrado sin querer a la placenta, con las naves que nunca podrá quemar.
También allí, sintiéndose tan culpa y tan poco inocencia. Castigándose bajo las lluvias de los tiempos.

También allí está sólo con sigo mismo. Se duplica, se triplica y se habla con cada una de sus partes.

También allí no llora.



Desde el balcón, haciéndose cenizas el dedo artificial. Mirándose y mirándome. Porque él, es sólo una nueva creación de yo.

lunes, 15 de julio de 2013

Afán de inmortalizar un momento de flujo mental.

Enajenado. Mirando, mirándose. Conmovido ante una serie de objetos que no deberían de estar allí. O quizás es el, y sus huesos, y sus pieles ocasionales, los que no deberían. Y no deben.

El se zambulle. En una piscina de hielos cortantes. Ellas se paralizan, y ya no le hierbe la mente a punto de resquebrajarse. Y así entiende, y así se mira a él y a su él de antes. Y lo acepta. Acepta cada una de las partes que se rompen en pedazos, y acepta la crisis de certezas que lo apabulla. Y comprende que es lo mejor.


Uno, dos, tres segundos añejados se consumen. Hierve la sangre y se despoja de todo. Y deambula dejando trocitos de piel en la alcoba.

Pita. Una y mil veces pita. En cada bocanada de humo se escapan los por qués de todo. No entiende nada, no quiere entender nada. Se deja llevar por los hilos de la crisis. Cayendo, cayendo, cayendo. Reventados los huesos que se dan contra el piso, aruñada la piel, y aún así no llora. Ha perdido la capacidad de llorar.


Uno, dos, tres, y diez años atrás. Las lágrimas bañaban la almohada cada que ves que sus héroes combatían más allá de sus posibilidades de contenerlos.
Allí, entre las sábanas derroídas, las traperas de abuelas, y el crujir de un estómago hambriento lo imaginaba. Imaginaba que todo se resquebrajaba, que las partes se partían, y que todo mejoraba.


Pero hoy no entiende como las partes se partieron y el no se ríe. Tampoco llora. Ha perdido a lo largo de los años la capacidad de exteriorizarlo todo. Y comienza a perder la capacidad de interiorizarlo. Explotará dejando una serie de residuos en el suelo.

sábado, 13 de julio de 2013

Sobriamente perdido.

Sería imposible crearme y recrearme lentes a través de los cual hoy me pueda ver. Es que el lente empaña silenciosamente la concepción de un cuerpo al borde de caer. Y está en la escencia misma de ellos el caer cuando ya no están sujetos a nada.

Contra el piso. Historias de barro y polvo contra el frío piso. Pasos que resuenan y rompen tímpanos. Y sino embargo se siente tan cuerpo, tan cayendo y tan contra el piso.

Hoy mis manos no son pluma y tintero sobre hojas de papel amarillo. Hoy mis manos son plumas y con ellas me corto los conductos rojos, y deramo su líquido espeso sobre mi piel. Nunca pude contener un segundo las palabras no dichas, ni esquivarme la mirada en el espejo cuando siento que comienzo a caer.

Algo se desata y arremolina en el interior. Y ya no basta con ponerle trabas a la verdad que estoy empezando a divisar.


Me caigo. Y me espanto de verme tan tranquilo, tan sobrio, y mirandome tan crudamente allí.... Contra el piso.