Hoy las miraba. Sus ojos descreídos se abrazaban con aquella imagen que le perforaba la sien. Y sin embargo, allí estaba, tan mirándolas, tan abrazado, tan de sien sangrante y boca desencajada.
Es ilógica la fuerza del accionar humano. Le costaba asumirse como responsable de las grietas recientes. Siempre prefirió imaginarse los cuchillos en otras manos. Pero hoy, sus manos acuchillaban su cuerpo.
Él ingresa a su mente. Y se paralizan, se paralizan. Días añejados en vidrio, le recuerdan las veces que quiso ensimismarse para detener el engranaje. Y hoy, él, con un movimiento imperceptible, lo congela todo.
Ya no está pudiendo salir de allí, y se humedece con sus ojos las maletas mal armadas.
Está allí sangrándose las grietas. Aferrado sin querer a la placenta, con las naves que nunca podrá quemar.
También allí, sintiéndose tan culpa y tan poco inocencia. Castigándose bajo las lluvias de los tiempos.
También allí está sólo con sigo mismo. Se duplica, se triplica y se habla con cada una de sus partes.
También allí no llora.
Desde el balcón, haciéndose cenizas el dedo artificial. Mirándose y mirándome. Porque él, es sólo una nueva creación de yo.
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