miércoles, 21 de agosto de 2013

Un Plá más.

¿Cómo desafilar sus colmillos que empiezan a crecer?

Es que se le dibujan y desdibujan acompasando cada mirada ebria de palabras. Los silencios que entretejen no tienen desperdicio.

Amándose de la manera más ínfima, más desconocida, más muda e inoperante. Y sin embargo, tan agarraditos de lo más profundo de sus venas. Debería de vaciarme el alma en tu piel, enchastrandolo todo a mis truncos pasos.

¿Cómo desprenderse de todo ese montón de hojas secas?

¿Cómo abrigarse de lo más acuoso de su mirar? Sin mojarse, sin relamerse la punta de las uñas, sin carcomerse de ellas cada una de las palabras faltantes.

¿Cómo asumirse los silencios mal tejidos, las migas derramadas, los segundos infructuosos?

Tirado a la deriva de tu andar. El mundo gira, y ahí he de estar, incrustándome los dedos en la sien.

Ahí he de estar, a la sombra de lo intangible, mientras el tiempo pasa.




domingo, 18 de agosto de 2013

Green.

Intoxicados, bajo la pesada atmósfera, qué siempre tuvo más de dagas que de plumas. Las dagas van, de ojos descolocados a ojos nuevos, jóvenes, expectantes. Impactan, hieren hermosamente las córneas, arrasan con todo intento protector. Hiriendo más allá, ahí vas, con las ganas puestas en arañarme los talones.

La piel muerta que desprendes al pasar es espectacular. He de juntar cada trocito de ella. Y me abrigaré de tu pasado. Refugiándome allí, en el rincón más inhóspito de tu ser. Allí, tomo los colores. Y los impulsos llegan, te rayo las paredes, las puertas, los vidrios de tus copas hechas añicos, las imágenes de tus ojos sangrantes. Recrearé un mundo perfecto allí, usaré cada uno de los colores que tengo, y luego usaré hasta los más tóxicos brebajes para barnizar mi obra maestra. La luna sabrá sacarlos en el momento en que decidas vivir en el rincón que te recreé.

Me haré el amor mirándome en tus charcos. Y ya nada me importará. Allí, gozaré de impunidad total y reivindicaré las más encarnadas de mis luchas. Allí me haré tan pequeño que podré colarme entre tus poros, viviré allí, entre tus párpados. Te los abriré al mundo, una y otra vez. Los cerraré, en un intento decidido de que las dagas no hieran nunca más a tus limpias pupilas.


Conservaré por los tiempo tu hiriente forma de mirarme más allá de la comisura de mis labios.

domingo, 4 de agosto de 2013

Los gritos de las musas.

Tic, tac.

-Mírame- dijo.
Le miró.
-No han de caer-
Y brotaron. La primera, pequeña y mágica anestesia. Luchó contra la muralla de sus lagrimares, tímida, contenida durante siglos. Bañó los valles de sus poros. Entumeció su nunca. Erizó, esperanzó, alivió.

Ella pitó mientras lo examinada con una curiosidad inaudita. Se levantó de la butaca, se sintió avergonzada de su desnudes y cubrió su joven cuerpo con lo que tuvo a mano.

Tic, tac, tic.

-Te amo-

Silencio, lágrimas que caen. Mujer desnuda en la oscura habitación. Ella siempre supo ser la leña de su hoguera. Ella siempre supo desencajarlo, otorgarle la capacidad de exteriorizarlo todo. Ella. Allí estaba ella. Tan de piedra, tan fanatizada con sus lágrimas añejadas. Se relamía ante aquella curiosa escena.

Tic, tac, tic, tac.


Un ventarrón entra por algún sitio. Y ella ya no está. Han quedado suspendidas sus palabras en el aire.
¡Y ahora son dagas sin contestación! Él se acurruca, y le besan la sien. Destrozándole la capacidad de recrearse.


Ella se ha ido. Aún puede dibujarse su cuerpo en la oscuridad. Ella sigue allí, agarradita de sus manos, incrustándose en sus ojos, exigiéndole una respuesta.


Tic, tac, tic, tac, tic.

El tiempo pasa. Nunca llegará.