domingo, 18 de agosto de 2013

Green.

Intoxicados, bajo la pesada atmósfera, qué siempre tuvo más de dagas que de plumas. Las dagas van, de ojos descolocados a ojos nuevos, jóvenes, expectantes. Impactan, hieren hermosamente las córneas, arrasan con todo intento protector. Hiriendo más allá, ahí vas, con las ganas puestas en arañarme los talones.

La piel muerta que desprendes al pasar es espectacular. He de juntar cada trocito de ella. Y me abrigaré de tu pasado. Refugiándome allí, en el rincón más inhóspito de tu ser. Allí, tomo los colores. Y los impulsos llegan, te rayo las paredes, las puertas, los vidrios de tus copas hechas añicos, las imágenes de tus ojos sangrantes. Recrearé un mundo perfecto allí, usaré cada uno de los colores que tengo, y luego usaré hasta los más tóxicos brebajes para barnizar mi obra maestra. La luna sabrá sacarlos en el momento en que decidas vivir en el rincón que te recreé.

Me haré el amor mirándome en tus charcos. Y ya nada me importará. Allí, gozaré de impunidad total y reivindicaré las más encarnadas de mis luchas. Allí me haré tan pequeño que podré colarme entre tus poros, viviré allí, entre tus párpados. Te los abriré al mundo, una y otra vez. Los cerraré, en un intento decidido de que las dagas no hieran nunca más a tus limpias pupilas.


Conservaré por los tiempo tu hiriente forma de mirarme más allá de la comisura de mis labios.

1 comentario: