¿Cómo desafilar sus colmillos que empiezan a crecer?
Es que se le dibujan y desdibujan acompasando cada mirada ebria de palabras. Los silencios que entretejen no tienen desperdicio.
Amándose de la manera más ínfima, más desconocida, más muda e inoperante. Y sin embargo, tan agarraditos de lo más profundo de sus venas. Debería de vaciarme el alma en tu piel, enchastrandolo todo a mis truncos pasos.
¿Cómo desprenderse de todo ese montón de hojas secas?
¿Cómo abrigarse de lo más acuoso de su mirar? Sin mojarse, sin relamerse la punta de las uñas, sin carcomerse de ellas cada una de las palabras faltantes.
¿Cómo asumirse los silencios mal tejidos, las migas derramadas, los segundos infructuosos?
Tirado a la deriva de tu andar. El mundo gira, y ahí he de estar, incrustándome los dedos en la sien.
Ahí he de estar, a la sombra de lo intangible, mientras el tiempo pasa.
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