jueves, 5 de septiembre de 2013

Vertebrado.

-¿Y ahora qué hacer?- He aquí la vértebra opaca donde siempre encontraron frescos huecos sus hilos mentales.

Es que hoy se piensa con la simplicidad de una misma plataforma de base. Y es en ella dónde vertieron la tierra infértil de su crecer. Allí ha ahondado sus raíces, allí se vio regado por las lluvias de los tiempos, y allí desarrolló la culpa de no poder tener más que tres pares de hojas sanas.

Sobre su tallo crecen impunes parásitos destructivos, y él, que siempre supo coartarse las ganas, los alimenta con dulzura. Y ríe, y ríe, llorándose la savia extrañamente roja.

¿Por qué siempre supo alimentarse desproporcinalmente? Es que la raíz de las culpas siempre cavó más profunda, y no hubo piso duro que no pudiese atravesar.


Allí, cuan planta anhelando crecer, saborea entre besos nuevos el jugo ácido de la culpa organizada.


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