lunes, 27 de junio de 2011

Para bonquejar un ojalá.


Sentada estás. Al lado mío con el traje negro que tanto me cansa la vista. En silencio, de negro y sentada y descalza y fría. Congelada imagen de mi hoy. Partículas retenidas en un aire de piedra. Qué ni el más agudo de mis gritos podría mecer. Estoy solo aquí. Dibujando formas de amar, amar a la par de otros pies. Y la fuerza desmedida, la presión sobre la tiza, y la tiza que se quiebra, y el amor se queda en el bosquejo, y el bosquejo que se arruga, y una montaña de amores desechados. Y sigo solo. Y me molesta. Y sigues sentada. Y de negro, descalza. Sigo gritando, y el aire de piedra no se mece. Ojalá un viento haga de tu cuerpo un huracán soledad, y te lleve lejos donde ya no te molesten mis gritos, y ya no puedas hacer de piedra el aire para no escuchar mis reclamos. Ojalá traiga tizas de colores, y pueda dibujar mucho más que un bosquejo, algo más parecido a una sonrisa. Ojalá. Y dibujo un ojalá con tantas ganas. Y me quedo ahí. Tú sigues sentada al lado mío, fría, descalza. El aire es de piedra, la tiza se quiebra, los gritos no se oyen, y soy solo un bosquejo.

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