martes, 19 de febrero de 2013

¡No han de bañar una piel que ya no las merece!

En el aire están suspendidas las partículas muertas de la piel de antaño. Es complicado mudar de piel con tanta facilidad, las piedras ya podrían bien aruñar más allá de ella. Carcomer la carne, tiesa ante una secuencia de imágenes mal pegadas, de caricias y gritos, de violentas formas de amar, y amarme, para poder volver a amar.

¿Era tan difícil asumir que las consecuencias de sus pensamientos, quizás y por algún motivo, empañaban su forma de ver al pasado? Ya se había replanteado tanto lo ya vivido, que a veces creía no saber qué fue verdad y que fue solo un mero producto de su imaginación.

Hoy contiene las sales líquidas. ¡No han de caer! ¡No han de bañar una piel que ya no las merece! No han.
Es que los muros construidos necesitan más que manos para derribarse. Enjaulado en sus propias retinas, mirando el mundo desde allí, abraza sus costillas, hundiéndose los dedos en los poros.

¡Ha de decirse, de repetirse consecuentemente que aún queda algo más que piel muerta en el aire! Solo así podrá creerse que nada está tan firme como para no poder cambiarlo.


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