La cuerda tirante podría degollar sus ganas de reír sin proponérselo. Va caminado a pies desnudos sobre ella. Lleva a cada lado, en sus bolsillos, pequeños fragmentos de recuerdos opacos, ganas desmedidas de seguir siendo, y aquellas húmedas flores que algún día calmaron su sed. El impulso le emana desde algún centro mítico de su ser, no puede resistirse a remontarse más alto. Busca llegar a esa orgía sentimental, con tantas piscas de todo que lo haga correr a más no poder. Pero el hecho, fue una vez más insuficiente. Y ahora siente como su piel se ensucia, siente como su carne caliente se enfría, y todo queda sumido en un silencio donde solo oye la odiable voz de su mente. Está confundido, mareándose. Está solo, y las luces siguen dibujando fantasmas en las húmedas calles de su ciudad. Estás, queriendo no estar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario