El camino se delimita por líneas imperceptibles para una mente que solo vive en un tiempo. Atrás va quedando lo que ya no quedó, y lo que quedó se va quedando más atrás. No hay fantasmas que lleguen de allá. Se han callado. Ya aprendí a vivir con los tajos que nunca pude cerrar. Y que nadie trató de sanarlos por mí. Ya me aburrí de que me cuiden. Hacia delante no lo sé. Miré esa luna tantas veces. Me ha eclipsado. Se ha apoderado de mis ganas. Me consumí en el hambre de esperar. Y ya no hay estómago posible para pensar más en eso. Ya no gastaré tiempo vital en eso. Taparé con las manos esa luna. Quizás en la oscuridad la humedad deje restos en mi piel. Quizás me vuelva tan putrefacto que nunca más me pueda mover. Quizás quede varado en el camino. Ciego y con frío. Pero me arriesgaré. Solo busco saltar. Dejar que el cuerpo se aviente con tanta violencia al vacío. Pudiendo desintegrarme o pudiendo doblarme de una forma tan poco creíble. Y sigo aquí, en la mitad de este camino incierto e incomprensible.
Esa Luna no lo vale.
ResponderEliminar